EL GRAN INFLUENCER DEL VINO CHILENO

¿Cuál es a tu parecer el hilo conductor que recorre la edición de Descorchados 2019?

Como siempre nosotros pretendemos tomar una foto lo más panorámica posible de la escena del vino en Chile, por lo tanto el hilo conductor siempre ha sido tratar de ser lo más diverso en nuestra entrega. Es decir, tratar de mostrar lo máximo posible tanto en estilo como en tamaño de viñas, como en orígenes. Esto lo veo como un gran reportaje que hago todos los años, por lo que me gusta cubrir todos los ángulos de este reportaje. Es términos de vinos en sí, siempre los vinos ganadores, los que tratamos de destacar en Descorchados tienen también un hilo conductor, que es el frescor, la acidez, quizás no que tenga el alcohol tan alto, sino más bien la elegancia antes que la súper extracción, que es un tema con el que nosotros venimos insistiendo hace mucho tiempo.

¿Qué aplaudirías de la oferta de vinos chilenos actuales?

Hay que aplaudir la diversidad. Ya pasaron los tiempos donde solamente las bodegas grandes eran las que predominaban en la oferta. Creo que hay muchas instancias en cuanto a ferias como tiendas o como distribuidores que están mostrando vinos de autores más pequeños, con nuevas propuestas. También habría que aplaudir la curiosidad creciente del consumidor. La masa crítica de gente que está interesada en el vino ha ido creciendo, y eso explica que ahora haya un número de productores artesanales que venden gran parte de su producción en Chile y explica que haya dos o tres importadores de vinos europeos que estén con relativo éxito operando en el país. Así que por un lado la diversidad de orígenes, de estilos, de la oferta en general; y por otro lado la curiosidad del público.

HOMBRE MIRANDO AL SUR
Con lo probado, ¿qué se proyecta a futuro tanto desde los vinos como desde el consumo?

Primero, hay una fuerte tendencia al sur. He probado cosas muy buenas del Biobío, pero también de Malleco, de Osorno, y también los proyectos que están funcionando aún más al sur en Chiloé. Segundo, ya se instaló la idea del productor pequeño, que para hacer vino no hay que tener una industria sino que es suficiente con tener ganas y tener un pequeño presupuesto para empezar a hacer vinos en pequeña escala. No ver el vino como un negocio sino que como un estilo de vida, y eso antes no existía en el mundo comercial.

¿Qué es lo que se dice y cómo hablan hoy los críticos internacionales del vino chileno?

La verdad es que no tengo mucha información al respecto. Imagino que todos estamos en las mismas. No es que no vea lo que los otros dicen, pero trato de seguir mi propio camino, por lo que no tengo una opinión muy clara al respecto. Pero creo que todos estamos aplaudiendo la diversidad, el frescor, el sentido de lugar, la búsqueda por vinos de mayor origen, las iniciativas de pequeños productores. Por lo menos la gente que yo respeto está aplaudiendo lo mismo, que es gente que se dedica a hacer un trabajo importante y que cubre Chile desde Chile y no desde un escritorio en Londres.